LO QUE NOS UNE: "Las cosas que nos unen"

LO QUE NOS UNE: "Las cosas que nos unen"
LO QUE NOS UNE es una creación de Soledad Morillo Belloso

jueves, 16 de octubre de 2025

 Miedos que se atrincheran

 Soledad Morillo Belloso

La intransigencia es una piedra que se cree montaña. No se desplaza, no se deja erosionar, no permite que la miren por dentro. Está convencida de que su forma es la única válida, y que todo lo demás —el río, el viento, la palabra— representa una amenaza. Pero en el fondo, esa piedra no es fortaleza: es miedo calcificado.

La he visto en voces que no escuchan, en gestos de puños cerrados, en miradas gélidas que juzgan negando toda posibilidad de encuentro. Se disfraza de convicción, de moral, de principios férreos, cuando en realidad es un temblor que no se atreve a mostrarse. Porque ceder, aunque sea un milímetro, implica aceptar que el otro existe, que el mundo no es plano ni simétrico, que nadie es dueño de la verdad, que hay grietas que no son errores sino respiraderos.

La intransigencia no dialoga: sentencia. No indaga: acusa. No vacila: impone. Es el eco de una infancia sin espacio para disentir, o de una historia donde el dolor se volvió norma. Es el muro que se levantó para evitar nuevas heridas, pero que terminó aislando incluso la inteligencia. Es parienta cercana de la tozudez, que es esa mula que se niega a cruzar el río, aunque el agua esté mansa. La intransigencia, en cambio, niega que el río exista. Una se planta, la otra borra. Pero ambas laten con el mismo miedo: el de abrirse, el de ser tocadas por lo ajeno.

Son hijas de la rigidez, nietas del orgullo, sobrinas del dolor silenciado. Porque muchas veces, detrás de la obstinación hay una herida que no quiere volver a doler. Y detrás de la intransigencia, una historia que se defiende con uñas y dientes. Se crían juntas en casas blindadas por certezas, donde la duda se considera traición y el cambio, amenaza. Una se acomoda en la silla del “no hay más que hablar”, la otra en la del “porque sí”. Y entre ambas, convierten el mundo en un lugar sin ventanas, el planeta del “porque me da la gana”.

Sin embargo, hay algo que las desarma. No es el enfrentamiento, ni la lógica, ni el grito. Lo que las desgasta es el gesto que no exige, la pregunta que deviene del escuchar y que no acusa, la copla que se canta sin apuro. Porque hay modos que saben esperar. La intransigencia y la tozudez, al final, no son invencibles. Son solo formas de miedo que se atrincheran, que aún no han sido reconocidas ni abrazadas. Y cuando se les canta bajito, cuando se les da agua sin juicio, cuando se les ofrece la mano abierta y se les dice sin prejuicios “cuéntame cómo llegaste hasta aquí”, a veces, solo a veces, se agrietan. Y por esa grieta, entra la luz.

soledadmorillobelloso@gmail.com


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

 Carabobo Soledad Morillo Belloso Hay montones de crónicas sobre la Batalla de Carabobo, sí. Y todas huelen a tinta de libro grueso: a papel...