Reset-restart-replanSoledad Morillo Belloso
El gobierno norteamericano tenía para la “cuestión Venezuela” una estrategia y su correspondiente táctica. Una arquitectura pensada para administrar el “día después” de la salida de Maduro, con fases, actores, rutas y supuestos. Una planificación que pretendía ordenar el vacío, contener a los rivales, estabilizar el Caribe y reinsertar a Venezuela en un mapa hemisférico menos turbulento. Pero las estrategias, incluso las más meticulosas, se construyen sobre terrenos que nunca son completamente firmes. Pasados algunos meses, las fisuras ennla estrategia , y por consecuencia en la táctica, empezaron a aparecer. No eran fallas dramáticas, sino esas grietas que anuncian que el tablero está cambiando más rápido que el plan. Y que las cosas no iban a resultar tan fáciles como quizás algunos pensaban.
Y cuando ya era evidente que la estrategia necesitaba reformulación, sobrevino el cataclismo.
El terremoto no fue sólo un desastre natural: fue un golpe geopolítico. Un sacudón que reordenó prioridades, fracturó narrativas, suspendió la lógica política de manejo de crisis y activó la lógica de emergencia. Lo primero fue reaccionar. Y reaccionaron como saben hacerlo: con equipos, barcos, hospitales de campaña, especialistas en rescate. La maquinaria estadounidense para crisis es una coreografía que se ejecuta sin titubeos. La táctica humanitaria se impuso sobre la estrategia política, desplazándola, congelándola, obligándola a esperar.
La presencia física —los barcos, los equipos, los hospitales de campaña— no es sólo asistencia: es posicionamiento. Es acceso al terreno, a la información, a la narrativa. Es evitar que otros actores llenen el vacío. Es proyectar capacidad en un momento en que la región entera mira hacia el Caribe con una mezcla de miedo y expectativa. La emergencia se volvió el nuevo eje, y la política quedó subordinada a la supervivencia.
Pero toda reacción es apenas el primer movimiento. Lo que sigue es más complejo: el “replan”. La estrategia original ya no sirve. El país cambió. Los actores mutaron. Las prioridades cambiaron. Estados Unidos reescribe su arquitectura para un escenario que ya no es post-Maduro, sino post-terremoto. Y eso supone decidir qué rol quiere jugar en la reconstrucción, cómo manejar la presencia de actores rivales, cómo evitar que el vacío se convierta en una nueva zona de influencia para otros, cómo reinsertar la transición política en un país que está en duelo.
En ese contexto, la creación de un espacio conjunto entre la Asamblea Nacional de 2015 y la de ahora es parte de ese replan. No es un gesto simbólico: es una maniobra de estabilización. Un puente entre dos legitimidades que durante años caminaron en paralelo sin tocarse. En un país fracturado, ese tipo de ensamblaje evita vacíos, ordena flujos, permite coordinar reconstrucción y le da a la institucionalidad un punto de encuentro. Es un mecanismo para que la estrategia pueda reescribirse sin perder completamente la continuidad.
Y por supuesto que eso no saca del juego a María Corina. Al contrario: le da más piso. Porque cuando se abre un espacio híbrido, quien tiene legitimidad social —la que se respira, la que no depende de sellos— gana terreno. La táctica institucional se reorganiza, pero la legitimidad ciudadana se fortalece. La figura que concentra expectativas, que articula emociones, que representa la brújula del país, no se diluye con la creación de un espacio conjunto: se vuelve más necesaria. Ese ensamblaje no es una sustitución; es una plataforma. Un piso más ancho. Un escenario donde la transición —cualquiera sea su forma final— necesita actores con peso real, no sólo con credenciales formales con papel membrete. Esa “instancia” dará a la estrategia y a la táctica un giro muy particular. No es una estación en el tablero. No es un “think tank”. Es una carpa sobre todo lo que se planifica y se haga. Con un ingrediente muy escaso: legitimidad.
María Corina no es una figura decorativa, es un vector político. La emergencia la desplazó del centro por unas semanas, pero el replan la devuelve al tablero incluso con más densidad. Porque en un país que acaba de vivir un cataclismo, la reconstrucción no se hace sólo con instituciones: se hace con liderazgo. Y ese liderazgo, hoy, sigue siendo ella.
Soledadmorillobelloso@gmail.com
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