6 de agosto: La Nadería
La solemnidad también sabe mentir. 207 palabras. Que quepa en una sola página.
El comunicado es un artefacto de prosa anestesiada, construido para que parezca que algo ocurre cuando en realidad nada se mueve. Su arquitectura responde a la lógica de los textos que se redactan con miedo a la realidad: frases largas, impersonales, cuidadosamente desprovistas de filo. La apertura fija coordenadas —Caracas, 6 de agosto, delegaciones reunidas— como si la mera mención del lugar y la fecha bastara para conferir gravedad. Es solemnidad de utilería, una escenografía que pretende sustituir la sustancia.
La sintaxis avanza con la docilidad de un informe administrativo. Cada párrafo es un corredor sin ventanas: se instala la plenaria, se acuerda la metodología, se declara la sesión permanente. El lenguaje evita la fricción, como si nombrar el conflicto fuese una amenaza. Los verbos impersonales —“se ha iniciado”, “se acordó”, “se definirá”— funcionan como un sistema de defensa: borran sujetos, diluyen responsabilidades, neutralizan cualquier posibilidad de interpretación crítica.
El catálogo de principios es el momento más transparente del texto, precisamente porque es el más opaco. Soberanía, buena fe, beneficios, solución pacífica, respeto recíproco, igualdad política, verificación, derechos humanos: una hilera de conceptos nobles que, al no estar anclados a ninguna acción concreta, se convierten en un biombo. Son palabras‑escudo, palabras‑decorado, palabras que se exhiben para evitar decir lo que realmente importa.
En definitiva, el comunicado es un ejercicio de nadería: un texto que ocupa espacio sin llenarlo, que se reviste de importancia sin producirla, que declara sin comprometer, que existe solo para certificar que algo —lo que sea— ocurrió, aunque no sepamos qué.
Soledadmorillobelloso@gmail.com
No hay comentarios.:
Publicar un comentario